Apoyo no sanitario para el bienestar cotidiano de la persona y el descanso de la familia, coordinado con las indicaciones del equipo médico y de enfermería.
La cuidadora ofrece presencia, higiene, cambios posturales indicados, apoyo en las comidas, compañía y observación cotidiana. Su trabajo complementa al equipo sanitario: no administra decisiones clínicas ni sustituye la atención médica o de enfermería.
Cuándo puede ayudar un apoyo domiciliario
En esta etapa, pequeñas tareas sostenidas con delicadeza pueden aliviar mucho a la familia. El servicio se organiza según los deseos de la persona, la pauta sanitaria y la disponibilidad de quienes cuidan.
La persona necesita compañía y presencia continuada
El aseo y el confort diario requieren dos manos
La familia necesita dormir o salir unas horas
Hay que mantener posturas y rutinas indicadas por el equipo sanitario
Se necesita apoyo para comidas y cuidados básicos
Los familiares quieren estar presentes sin asumirlo todo
Cómo organizamos el acompañamiento paliativo
Escuchamos a la familia, delimitamos con claridad las tareas no sanitarias y elegimos una cuidadora con sensibilidad, discreción y capacidad para trabajar en coordinación.
Conversación cuidadosa con la familia
Acordamos prioridades, horarios, límites y formas de comunicación, respetando las decisiones de la persona y su entorno cercano.
Coordinación con las pautas sanitarias
La cuidadora sigue las instrucciones trasladadas por la familia y avisa ante cambios, sin interpretar síntomas ni modificar tratamientos.
Presencia tranquila y cuidados básicos
Se atienden higiene, confort, compañía, comidas y descanso con intimidad, respeto y el menor ruido posible en la casa.
Revisión frecuente del apoyo
Adaptamos horarios y tareas cuando cambia la situación, procurando continuidad y evitando que la familia tenga que repetir toda la información.